La policía halla muerto tras cinco días de frenética búsqueda al autor del tiroteo masivo de la universidad de Brown

La policía halla muerto tras cinco días de frenética búsqueda al autor del tiroteo masivo de la universidad de Brown

La búsqueda del sospechoso de asesinar a dos estudiantes y herir a otras nueve personas el pasado sábado en la prestigiosa universidad de Brown, en Providence, capital del pequeño estado de Rhode Island, dio sus frutos al fin en la noche de este jueves (hora de la costa Este). La caza terminó así cinco frenéticos días después con el hallazgo del cadáver de un hombre, Claudio Neves Valente, de 48 años y nacionalidad portuguesa, a 135 kilómetros del lugar de los hechos. Dieron con él en un almacén de una zona industrial de Salem, en el cercano estado de Nuevo Hampshire.

En una conferencia de prensa celebrada en Providence pasadas las 21:30, el jefe de policía de la ciudad, Óscar Pérez, confirmó que el hombre al que andaban buscando se había suicidado de un balazo cuando estaba a punto de ser descubierto y apresado. También dijo que Neves Valente, que entró en Estados Unidos en 2000 con un visado de estudiante y obtuvo la residencia permanente en 2017, era un antiguo alumno de Brown

La persecución del sospechoso, al que las agencias de seguridad implicadas en el operativo vinculan con el asesinato este lunes de Nuno Loureiro, un profesor, también portugués, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT son sus siglas en inglés), en Boston, ha mantenido durante la semana en vilo a la región de Nueva Inglaterra, al nordeste del país, así como a las cadenas de noticias estadounidenses. Sobre todo, después de que el mismo día de la matanza, que tuvo lugar en una jornada de exámenes previos a las vacaciones de Navidad, las autoridades anunciaran la captura de un culpable para soltarlo a las pocas horas sin cargos.

Desde entonces, el misterio rodeó al tipo del que solo se sabía lo poco que desvelaron de él los videos de las cámaras de seguridad de diferentes puntos en calles residenciales de Providence. En ellos, se veía a un hombre de mediana edad, algo entrado en carnes, caminando tranquilamente oculto tras una mascarilla quirúrgica negra.

Nadie podía explicarse cómo pudo escapar tras cometer su crimen con tantos testigos de una comunidad tan pequeña como la de Rhode Island, el estado de menor tamaño de la unión. Tampoco, dónde pudo ir. Este jueves se supo que se dirigió al norte, aunque no llegó demasiado lejos. No parecía interesado en desaparecer, por ejemplo, en Canadá, cuya frontera está a unos 350 kilómetros de Salem por carretera.

Aún no está claro qué lo movió a matar a aquellos jóvenes y luego, mientras lo buscaban las autoridades y las televisiones emitían en bucle sus vídeos para ver si alguien aportaba pistas, a asesinar a Loureiro. Era un físico especializado en el estudio de los campos magnéticos del universo de reputación internacional, y murió en su apartamento en Brookline (a unos 80 kilómetros de Providence). Vivía cerca del MIT, donde daba clases, investigaba y era director del Centro de ciencia del plasma y la fusión.

El agente especial Ted Docks, del FBI, sí aportó un dato durante la comparecencia de prensa. Aunque aún más bien una sospecha: las autoridades creen que el sospechoso estudió en la misma universidad de Lisboa, el Instituto Superior Técnico, que el profesor Loureiro.

Pérez contó a los medios que en la búsqueda fue clave la colaboración de una persona, que ahora podría cobrar la recompensa de 50.000 dólares que se ofrecía, porque ayudó a la localización de un coche de alquiler. Su matrícula condujo a los agentes a una oficina de Massachussets, donde pudieron cotejar los vídeos de seguridad para concluir que el individuo que aparecía en ellos era el mismo que el de las grabaciones de Providence. Los registros de su tarjeta de crédito llevaron a los investigadores a Nuevo Hampshire, donde finalmente encontraron el coche, y, a continuación, el cadáver de Neves Valente en el interior de un trastero. Tenía consigo dos armas de fuego.

En su comparecencia ante la prensa, Brett Smiley, el alcalde de de Providence, se felicitó porque sus vecinos fueran a “dormir tranquilos por fin esa noche”. La cura de las heridas que la matanza ha dejado tras de sí en esa pequeña y tranquila ciudad universitaria, añadió, aún tendrá que esperar.


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