Mientras miles de residentes enfrentan interrupciones en el servicio de agua potable en la zona metropolitana, el este y parte del suroeste de Puerto Rico, expertos alertan que la situación trasciende las averías recientes en el sistema. Para el doctor en química y especialista ambiental Neftalí García, la crisis actual refleja años de decisiones estructurales que han aumentado la vulnerabilidad del país ante fallas en el suministro y eventos climáticos extremos.
La crisis va más allá de las roturas recientes
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Durante una entrevista para la Revista Medicina y Salud Pública, García explicó que las múltiples averías detectadas en el llamado "supertubo" no deberían analizarse como incidentes aislados, sino como parte de un problema más amplio relacionado con la planificación y el diseño del sistema de distribución de agua.
Según el experto, depender de una infraestructura que transporta agua a largas distancias aumenta los riesgos operacionales y dificulta las labores de mantenimiento y reparación cuando ocurren fallas.
"Hacer que una zona metropolitana dependa de agua de tanta distancia porque estaba disponible no fue una decisión inteligente", sostuvo García.
Infraestructura envejecida y falta de mantenimiento
El especialista también señaló que parte de la vulnerabilidad actual está relacionada con el deterioro de instalaciones clave para el tratamiento y distribución del agua.
Como ejemplo, mencionó la planta de filtración Sergio Cuevas Bustamante, construida en la década de 1950, cuya capacidad operacional se ha reducido con el paso de los años debido a la falta de mantenimiento adecuado.
A juicio del experto, la coincidencia entre las averías del sistema de transporte y las limitaciones de infraestructura existentes ha creado un escenario particularmente complejo para garantizar el suministro de agua a la población.
Riesgos para la salud y posibles consecuencias prolongadas
García coincidió con las advertencias previamente realizadas por especialistas en enfermedades infecciosas sobre los riesgos asociados al uso de agua potencialmente contaminada tras la restauración del servicio.
El experto recordó que la falta de acceso continuo al agua puede favorecer problemas sanitarios, afectar las operaciones hospitalarias y generar dificultades para mantener condiciones adecuadas de higiene en las comunidades afectadas.
Asimismo, advirtió que la situación podría extenderse más allá de las próximas semanas si coinciden factores como la fragilidad de la infraestructura y una temporada de sequía más intensa de lo habitual.
Cambio climático y sequía: una amenaza adicional
El químico ambiental alertó que Puerto Rico podría enfrentar un panorama aún más desafiante si las actuales dificultades se combinan con periodos prolongados de escasez de lluvia.
Según explicó, fenómenos climáticos como El Niño pueden favorecer condiciones de sequía, mientras que el cambio climático contribuye a intensificar sus efectos, aumentando la presión sobre sistemas de abastecimiento que ya presentan limitaciones.
Para García, la crisis actual debe servir como una oportunidad para replantear la planificación hídrica del país, fortalecer la infraestructura existente y desarrollar estrategias regionales que permitan una mayor resiliencia ante futuras emergencias.