Boca desviada, habla confusa o debilidad en un brazo: 4.5 horas para atender un ACV

Boca desviada, habla confusa o debilidad en un brazo: 4.5 horas para atender un ACV

El accidente cerebrovascular (ACV) también conocido como trombosis cerebral o, en el lenguaje popular, "derrame",  es una de las emergencias neurológicas más frecuentes y temidas. Sin embargo, la desinformación sobre sus síntomas y el manejo inmediato sigue costando vidas y secuelas evitables.

La doctora Pamela Bidó, médico neurólogo, conversó en exclusiva con la revista Medicina y Salud Pública sobre esta condición, desmontando mitos y entregando claves prácticas para reconocer y actuar ante un posible evento cerebrovascular.

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¿Qué ocurre exactamente en el cerebro?

Según la especialista, la enfermedad cerebrovascular tiene dos grandes mecanismos: la obstrucción de un vaso sanguíneo o su ruptura. De ahí que existan dos tipos fundamentales: el isquémico, en el que falta sangre, y el hemorrágico, en el que hay sangrado.

"Lo importante es que la gente tenga claro, al momento de tener este padecimiento, si fue con sangre o sin sangre. Eso es vital, crucial para el posterior manejo del paciente", señaló la Dra. Bidó.

Aunque en la clínica existen algunas diferencias —el hemorrágico suele presentarse de forma más catastrófica, con cefalea intensa y pérdida de conciencia, mientras el isquémico tiende a manifestarse con debilidad facial o del habla—, la doctora fue enfática: solo la tomografía craneal establece la diferencia definitiva.

Las señales que no se deben ignorar

Ante la pregunta de cómo identificar un ACV desde casa, la neuróloga fue directa:

"Si presenta debilidad de algún lado de la cara, hay que descartar el diagnóstico. Si está hablando estropajoso o si está diciendo incoherencias, es una posibilidad. También si se siente débil un lado del cuerpo, esas son características que ya hacen pensar que debe acudir a la emergencia."

La doctora Bidó también aclaró una confusión frecuente entre parálisis facial periférica y ACV: cuando la debilidad afecta por igual el ojo y la boca del mismo lado, generalmente se trata de una parálisis periférica. Cuando la debilidad es más marcada en la boca, el ACV es más probable. No obstante, insistió en que ante cualquier duda, la conducta es una sola: acudir a urgencias.

El error que puede costar caro: la aspirina

Uno de los puntos más destacados de la entrevista fue la advertencia sobre la automedicación con aspirina, práctica extendida en la población ante síntomas que sugieren un evento vascular.

"El problema es que en el ACV no se sabe si es isquémico o hemorrágico hasta que no tengamos una imagen craneal. Entonces medicarse sin saber el tipo de lesión implica riesgos. Si hay un sangrado ahí, se prolongue, se empeora."

Las primeras cuatro horas y media, decisivas

La ventana terapéutica es estrecha y la Dra. Bidó lo subrayó con claridad:

"Las primeras cuatro horas y media son cruciales para poder dar un manejo óptimo a este tipo de pacientes. Lo ideal es que tan pronto el paciente sienta cualquier síntoma, se investigue en la emergencia si es o no es."

Llamar al 911 o trasladar al paciente de inmediato, sin administrar medicamentos por cuenta propia, es la indicación principal.

No es solo una enfermedad de personas mayores

La especialista desmitificó la idea de que el ACV es exclusivo de adultos mayores. Diabetes, hipertensión arterial no diagnosticada, tabaquismo —incluyendo el uso de cigarrillos electrónicos—, sedentarismo y antecedentes familiares son factores de riesgo que pueden afectar a personas jóvenes.

Mencionó además el caso del foramen oval permeable, una malformación cardíaca que puede causar ACV en personas de entre 30 y 40 años, detectable mediante un ecocardiograma preventivo.

El AIT: una advertencia que no se debe subestimar

La doctora dedicó especial atención al Ataque Isquémico Transitorio (AIT), ese cuadro en el que los síntomas revierten completamente antes de las 24 horas:

"Ese paciente tiene alto riesgo de volver a hacer un ACV en los primeros treinta días. Aunque sea transitoria, tiene alto riesgo, si no se atribuyen los síntomas a otra patología."

Por ello, insistió en que estos pacientes deben cumplir estrictamente con su tratamiento y los estudios indicados, y no asumir que, por haberse sentido mejor, el peligro pasó.

Rehabilitación: el camino de regreso

Sobre las secuelas y la reinserción del paciente a su vida cotidiana, la neuróloga enfatizó que la rehabilitación —física, del lenguaje u otras, según la afectación— es el eje central de la recuperación, y que los resultados requieren tiempo y constancia:

"Incluso mantener la flexibilidad de una extremidad que ha sido afectada ya es una ganancia para el paciente, para el mismo familiar, para el mismo cuidador."

El mensaje final: hábitos, controles y acción inmediata

La Dra. Bidó cerró la entrevista con un llamado especialmente dirigido a los jóvenes:

"Les exhorto a que sigan hábitos saludables, y aquellos que tienen sus factores de riesgo se den seguimiento. Y aquellas personas que inmediatamente detectan que tienen algún signo sugestivo de enfermedad cerebrovascular, acudan inmediatamente por la emergencia."

Una alimentación equilibrada, ejercicio regular, no fumar y realizarse controles médicos periódicos desde los 20 años son, según la especialista, las herramientas más poderosas para alejar este diagnóstico


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