Cuando los riñones dejan de funcionar adecuadamente y la enfermedad renal llega a etapas avanzadas, el organismo pierde la capacidad de eliminar desechos y exceso de líquido, entre otras funciones esenciales. En ese escenario, la atención médica puede requerir una terapia de reemplazo renal, entre ellas la diálisis o el trasplante.
"Los trasplantes de riñón se consideran como una terapia de reemplazo renal. La gran diferencia es que los trasplantes pueden extender la vida, pero todos los pacientes no están adecuados para eso", explicó la doctora Verónica Meza, nefróloga en la Convención anual de la sociedad Puertorriqueña de Nefrología.
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El trasplante renal consiste en colocar un riñón sano de un donante en una persona cuyos riñones ya no pueden cumplir adecuadamente su función. El órgano trasplantado comienza a realizar el trabajo de filtración que anteriormente correspondía a los riñones enfermos. El Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales (NIDDK) señala que un trasplante funcional puede filtrar los desechos y mantener el organismo en mejores condiciones que la diálisis, aunque no representa una cura definitiva para la enfermedad renal.
Trasplante o diálisis: ¿cuál es la diferencia?
La diálisis sustituye parte de las funciones de los riñones mediante tratamientos que deben realizarse de manera periódica. El trasplante, en cambio, proporciona un órgano que puede funcionar de manera continua.
Esto explica por qué el trasplante puede asociarse con una mayor supervivencia y calidad de vida en pacientes seleccionados. La evidencia científica considera el trasplante renal una opción que puede mejorar tanto la supervivencia como la calidad de vida frente a permanecer en diálisis en determinados pacientes con enfermedad renal terminal.
Sin embargo, no significa que todas las personas con falla renal puedan someterse a una cirugía de trasplante. Antes de incluir a un paciente en el proceso se realiza una evaluación integral para determinar si está en condiciones de afrontar la intervención y el tratamiento posterior.
Dos caminos para recibir un riñón
La doctora Meza explicó en la Convención anual de la sociedad Puertorriqueña de Nefrología que existen dos grandes fuentes de órganos para un trasplante renal. "Nosotros tenemos dos tipos de donantes. El donante vivo que normalmente puede ser familia o el donante cadavérico que puede fallecer por muerte cerebral", señala.
En el caso de un donante fallecido, el paciente debe encontrarse en la lista de espera y cumplir con los criterios establecidos por el sistema de asignación de órganos. Cuando existe un donante vivo compatible, el proceso puede programarse y el receptor puede evitar parte de la espera asociada a un órgano procedente de un donante fallecido.
La National Kidney Foundation señala además que los riñones provenientes de donantes vivos suelen presentar ventajas en cuanto al tiempo de espera y, en promedio, una mayor duración del injerto.
La lista de espera: una carrera contra la disponibilidad de órganos
Uno de los principales desafíos del trasplante renal es que la cantidad de personas que necesitan un órgano supera la disponibilidad de riñones para donación.
"Las listas de espera siguen aumentando y los pacientes están falleciendo esperando los donantes, porque esa lista es muy difícil que crezca. Por eso estamos intentando fomentar los trasplantes en vida", afirma la nefróloga.
Los datos del sistema OPTN muestran la magnitud de la demanda. En la Región 3, que incluye a Puerto Rico junto con varios estados de Estados Unidos, había 12.762 candidatos registrados para trasplante renal al 4 de diciembre de 2025. En esa misma región se realizaron 3.622 trasplantes renales durante 2024.
¿Cuántos trasplantes se realizan en Puerto Rico?
"Nosotros hacemos entre 80 y 100 trasplantes al año que nos parece poco, pero podemos decir que de hígado también podemos realizar aproximadamente entre 60 trasplantes al año", comenta Meza.
Estas cifras corresponden a la experiencia que describe la especialista y deben entenderse dentro del contexto de su centro o programa de trasplantes. Más allá del número de procedimientos, el reto continúa siendo ampliar la disponibilidad de órganos, identificar oportunamente a los pacientes que pueden beneficiarse de un trasplante y garantizar que quienes reciben un órgano puedan mantenerlo funcionando durante el mayor tiempo posible.
Las guías de seguimiento de pacientes trasplantados destacan que durante los primeros meses las prioridades incluyen prevenir el rechazo y las infecciones. Posteriormente, el objetivo se amplía a conservar la función del injerto y reducir las complicaciones asociadas con la inmunosupresión a largo plazo.