La enfermedad de Alzheimer no comienza necesariamente con una pérdida evidente de memoria. Se trata de un trastorno neurodegenerativo progresivo que puede afectar la memoria, el pensamiento, el comportamiento y con el tiempo, la capacidad de una persona para realizar actividades cotidianas.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2021 alrededor de 57 millones de personas vivían con demencia en el mundo y cada año se registran cerca de 10 millones de nuevos casos. El Alzheimer representa aproximadamente entre el 60 % y el 70 % de los casos de demencia.
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El intestino también se comunica con el cerebro
El intestino alberga una comunidad de microorganismos conocida como microbiota intestinal, compuesta principalmente por bacterias, pero también por otros microorganismos. El conjunto de estos microorganismos y su material genético se conoce como microbioma.
Esta comunidad participa en procesos relacionados con el metabolismo, el sistema inmunitario y la producción de diferentes sustancias que pueden influir en el organismo. La comunicación entre el intestino y el sistema nervioso se conoce como eje intestino-cerebro. Esta relación involucra mecanismos inmunológicos, metabólicos, hormonales y neurológicos, incluido el nervio vago.
"Aunque las causas exactas de la enfermedad de Alzheimer siguen siendo poco conocidas, existe evidencia que puede indicar que factores como la genética, el estilo de vida, las influencias ambientales, el microbioma intestinal y la dieta contribuyen", explicó a Revista MSP Karlo Malavé Llamas, catedrático asociado y director del proyecto MSF-HSI-STEM.
¿Qué ocurre con la microbiota en personas con Alzheimer?
Una revisión sistemática publicada en 2025, que analizó 21 estudios sobre microbiota intestinal y deterioro cognitivo, encontró patrones de alteración en personas con deterioro cognitivo leve y Alzheimer. Entre los hallazgos descritos estuvieron una menor presencia de algunas bacterias productoras de ácidos grasos de cadena corta y un aumento de determinados grupos bacterianos asociados con procesos inflamatorios.
"Los estudios revelan que la composición de la microbiota intestinal puede verse alterada en personas con enfermedad de Alzheimer y otras formas de demencia", señaló Malavé Llamas. Una de las preguntas que los investigadores intentan responder es si la composición de las bacterias intestinales cambia en las personas con deterioro cognitivo.
Disbiosis, inflamación y cerebro
Una revisión científica reciente plantea posibles mecanismos mediante los cuales las alteraciones de la microbiota podrían influir en la enfermedad de Alzheimer: cambios en la barrera intestinal, moléculas proinflamatorias, metabolitos producidos por las bacterias y modificaciones en sustancias como los ácidos grasos de cadena corta y los metabolitos del triptófano.
"Un desequilibrio en la microbiota intestinal, conocido como disbiosis, se ha relacionado con una mayor inflamación y la producción de sustancias neurotóxicas, lo que podría exacerbar los procesos neurodegenerativos", explicó el catedrático.
Cuando se altera el equilibrio de la comunidad microbiana intestinal se utiliza el término disbiosis. Este fenómeno está siendo estudiado por su posible relación con procesos inflamatorios y con cambios en la comunicación entre el intestino y el cerebro.
Por ahora, los investigadores están tratando de determinar qué cambios del microbioma son relevantes, cuándo aparecen y si modificarlos puede realmente cambiar la evolución de la enfermedad.
¿Los probióticos podrían ayudar?
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2025 analizó cuatro ensayos clínicos aleatorizados, con un total de 251 participantes mayores de 65 años con Alzheimer.
Los probióticos son microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, pueden proporcionar determinados beneficios para la salud. En el contexto del Alzheimer, diferentes investigaciones han evaluado si determinados probióticos pueden modificar la microbiota y producir efectos sobre la función cognitiva.
Los investigadores encontraron una mejoría estadísticamente significativa en algunas medidas de función cognitiva entre quienes recibieron probióticos frente a placebo, pero también observaron una heterogeneidad considerable entre los estudios. Los autores concluyeron que se necesitan ensayos más grandes y mejor diseñados antes de establecer su eficacia clínica.
Trasplante de microbiota fecal
Otra intervención que ha despertado interés es el trasplante de microbiota fecal (TMF), procedimiento mediante el cual se transfiere microbiota intestinal de un donante seleccionado a otra persona. La hipótesis es sencilla: si existe una alteración importante de la microbiota, modificar esa comunidad podría influir en determinados procesos relacionados con la salud cerebral.
"La conexión entre la microbiota intestinal y la salud cognitiva ofrece interesantes oportunidades para las intervenciones terapéuticas", afirmó Malavé Llamas.
Y agregó: "Las intervenciones terapéuticas como los probióticos, los cambios de dieta, el trasplante de microbiota fecal ofrecen vías prometedoras para mitigar la progresión de esta enfermedad".
Una revisión sistemática publicada a finales de 2025 encontró solamente cinco estudios en humanos, con un total de 26 pacientes con demencia, todos con antecedentes de infección recurrente por Clostridioides difficile. Aunque se observaron señales de mejoría cognitiva, los autores subrayaron que la evidencia clínica todavía es limitada y que hacen falta estudios controlados de mayor tamaño.
Una conexión prometedora, pero todavía en investigación
La evidencia disponible muestra asociaciones entre determinadas alteraciones de la microbiota y el deterioro cognitivo, además de mecanismos biológicos plausibles que podrían conectar inflamación, metabolismo, sistema inmunitario y cerebro.
El vínculo entre microbioma intestinal y Alzheimer abre una nueva ventana para comprender una enfermedad compleja, pero todavía quedan preguntas fundamentales por responder.
Porque entender cómo se comunican el intestino y el cerebro podría no solo ayudar a explicar mejor la enfermedad, sino también abrir nuevas posibilidades para su prevención, diagnóstico y tratamiento.